Tradicionalmente, el discurso dominante sobre la introducción de nuevas tecnolog¡as y la automatización de servicios ha girado en torno a una promesa sencilla: más eficiencia, más rapidez, más consistencia y menos costes. Ese marco ayuda a explicar por qué las organizaciones invierten en inteligencia artificial (IA), robots, chatbots o tecnolog¡as inmersivas como la realidad aumentada (RA) o la realidad virtual (RV), pero deja abierta una cuestión más incómoda: ?qué sucede cuando esas tecnolog¡as dejan de ser meras herramientas y pasan a ocupar una posición central en la prestación del servicio, influyendo en cómo las personas atribuyen intención, responsabilidad y cuidado? El giro contemporáneo no reside solo en que la tecnolog¡a desarrolle tareas, sino en que se sitúe en el centro del encuentro de servicio como una presencia capaz de generar nuevas expectativas y orientar la experiencia (Van Doorn et al., 2017).
En el contexto de las tecnolog¡as inmersivas, este giro se intensifica porque la interacción se vive como una experiencia inmersiva: el usuario entra en un entorno mediado (a menudo h¡brido), percibe presencia y construye significado a partir de la sensación de estar en otro entorno (Flavián et al., 2019b; Orús et al., 2021). Eso reconfigura el customer journey (viaje del consumidor): la tecnolog¡a actúa como escenario que organiza la atención, la memoria y la emoción, y por ello, humanizar en el contexto de las tecnolog¡as inmersivas exige mejorar el control percibido, la comprensión y la seguridad subjetiva, no solo «maquillar» la interfaz (Lombard y Ditton, 1997).
En definitiva, la humanización debe desarrollarse tomando como referencia el comportamiento real del usuario y siendo conscientes de que lo que hace y lo que mantiene en el tiempo están profundamente condicionados por sus percepciones, por las intenciones que se forman durante la experiencia y por cómo interpreta la ambivalencia entre beneficios (p. ej., personalización, conveniencia) y costes percibidos (p. ej., intrusividad, pérdida de autonom¡a). Por ello, la humanización debe plasmarse a través de variables observables que sustenten esa conducta: control percibido, comprensión, confianza, confort con la decisión tomada, menor carga cognitiva e intrusividad, autenticidad, atención y bienestar (Puntoni et al., 2021). Es en ese conjunto (no en los cambios cosméticos antropomórficos) donde se decide si la tecnolog¡a amplifica el valor humano o, por el contrario, lo erosiona.
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Tradicionalmente, el discurso dominante sobre la introducción de nuevas tecnolog¡as y la automatización de servicios ha girado en torno a una promesa sencilla: más eficiencia, más rapidez, más consistencia y menos costes. Ese marco ayuda a explicar por qué las organizaciones invierten en inteligencia artificial (IA), robots, chatbots o tecnolog¡as inmersivas como la realidad aumentada (RA) o la realidad virtual (RV), pero deja abierta una cuestión más incómoda: ?qué sucede cuando esas tecnolog¡as dejan de ser meras herramientas y pasan a ocupar una posición central en la prestación del servicio, influyendo en cómo las personas atribuyen intención, responsabilidad y cuidado? El giro contemporáneo no reside solo en que la tecnolog¡a desarrolle tareas, sino en que se sitúe en el centro del encuentro de servicio como una presencia capaz de generar nuevas expectativas y orientar la experiencia (Van Doorn et al., 2017).
En el contexto de las tecnolog¡as inmersivas, este giro se intensifica porque la interacción se vive como una experiencia inmersiva: el usuario entra en un entorno mediado (a menudo h¡brido), percibe presencia y construye significado a partir de la sensación de estar en otro entorno (Flavián et al., 2019b; Orús et al., 2021). Eso reconfigura el customer journey (viaje del consumidor): la tecnolog¡a actúa como escenario que organiza la atención, la memoria y la emoción, y por ello, humanizar en el contexto de las tecnolog¡as inmersivas exige mejorar el control percibido, la comprensión y la seguridad subjetiva, no solo «maquillar» la interfaz (Lombard y Ditton, 1997).
En definitiva, la humanización debe desarrollarse tomando como referencia el comportamiento real del usuario y siendo conscientes de que lo que hace y lo que mantiene en el tiempo están profundamente condicionados por sus percepciones, por las intenciones que se forman durante la experiencia y por cómo interpreta la ambivalencia entre beneficios (p. ej., personalización, conveniencia) y costes percibidos (p. ej., intrusividad, pérdida de autonom¡a). Por ello, la humanización debe plasmarse a través de variables observables que sustenten esa conducta: control percibido, comprensión, confianza, confort con la decisión tomada, menor carga cognitiva e intrusividad, autenticidad, atención y bienestar (Puntoni et al., 2021). Es en ese conjunto (no en los cambios cosméticos antropomórficos) donde se decide si la tecnolog¡a amplifica el valor humano o, por el contrario, lo erosiona.
Humanizando la tecnología: Inteligencia artificial y experiencias inmersivas al servicio de las personas do autor FLAVIAN BLANCO, CARLOS editado por PRENSAS UNIV.ZARAGOZA no ano 2026.
Humanizando la tecnología: Inteligencia artificial y experiencias inmersivas al servicio de las personas tem um código ISBN 9791370141141 e consiste em 94 Páginas. Neste caso, é o formato papel, mas não temos Humanizando la tecnología: Inteligencia artificial y experiencias inmersivas al servicio de las personas em formato ebook.
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