La cueva de La Peña (San Román de Candamo, Asturias) es una de las cavidades pioneras en el descubrimiento del arte paleolítico de la Región Cantábrica. En Asturias, los primeros reconocimientos de este valioso patrimonio cultural -uno de los más importantes de Europa-, se inician en 1908 con el descubrimiento de pinturas y grabados de edad paleolítica en cuevas tan singulares como El Pindal y La Loja. Estas primeras valoraciones del arte del Pleistoceno se producen gracias a la colaboración prestada por estudiosos locales que, como Hermilio Alcalde del Río y Ricardo Duque de Estrada, más conocido como Conde de la Vega del Sella, impulsarán la investigación prehistórica prestando un apoyo decidido a los grandes arqueólogos del momento que trabajan en el norte de España: Hugo Obermaier y Henri Breuil, entre otros. La cueva de La Peña de Candamo era conocida en la comarca y visitada ocasionalmente entre 1903 y 1911, según testimonian diversos graffitis conservados en lugares retirados como la Galería de las Batiscias. El descubrimiento científico se produce en el verano de 1914, cuando un vecino de Pravia señala a Hernández-Pacheco la probable existencia de pinturas prehistóricas en la cavidad, aportando su propio testimonio y el de un vecino conocido como "El Cristo", que penetraban en la cueva en busca de estalactitas. Paralelamente, aunque de forma independiente, el Conde de la Vega del Sella visita la cueva e improvisa un cierre provisional de la entrada, reconociendo ambos la antigüedad de las pinturas y grabados de los paneles del Gran Salón de los Grabados. Hernández-Pacheco (1872-1965), catedrático de Geología de la Universidad Central de Madrid y jefe de la Sección de Geología y Paleontología del Museo de Ciencias Naturales, es el descubridor del grueso del Arte paleolítico de la cueva de La Peña, que dio a conocer ese mismo año en un breve informe publicado en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural (Hernández-Pacheco y Carandell, 1914). Al año siguiente, presentó los hallazgos a la comunidad científica en su discurso de apertura del Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias celebrado en Valladolid (Hernández-Pacheco, 1915). Prácticamente de manera simultánea, el Conde de la Vega del Sella descubre en 1914 las primeras pinturas del Muro de los Grabados, y en una breve nota explica cómo limpió el panel, enérgicamente, para retirar la costra estalagmítica que cubría los puntos negros y los conocidos uros amarillos (Vega de Sella, 1929). Pero será E. Hernández-Pacheco quien asuma el estudio de la cavidad, realizando la lectura y los calcos del grueso de las figuras entre 1915-1917, con la colaboración de J. Cabré y el dibujante F. Benítez Mellado. El resultado de estas investigaciones pioneras es la publicación, cinco años después del descubrimiento, de una detallada monografía por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, que él mismo había fundado (Hernández-Pacheco, 1919). Paralelamente, entre 1917 y 1918 realizó las primeras excavaciones en la cercana "Covacha solutrense", uno de los accesos primitivos al complejo cárstico de La Peña de Candamo, colaborando en las mismas P. Wernert. Con posterioridad a la publicación de esta cuidada monografía, las investigaciones referidas al arte parietal de la caverna de La Peña de Candamo han sido, hasta fechas recientes, escasas y centradas en aspectos concretos. Destacan los estudios orientados a esclarecer la secuencia cronológica de las grafías, a partir del análisis de las superposiciones existentes en el Muro de los Grabados (Jordá Cerdá, 1976; Moure Romanillo, 1981). En otros casos, se rehicieron los calcos originales de E. Hernández-Pacheco, J. Cabré y F. Benítez Mellado, proponiendo modificaciones en la lectura de los grabados y las pinturas (Berenguer Alonso, 1994). Ya en fechas recientes, Javier Fortea (2001), además de proponer una cronología relativa basada en la estratigrafía parietal del panel denominado Muro de los Grabados, precisó la secuencia mediante la toma de dataciones directas 14Cams de pinturas negras de diferentes épocas, cuyos resultados abrieron un fructífero debate acerca de la dificultad de datar los orígenes del Arte paleolítico en Asturias. Las actuales investigaciones en la Cueva de La Peña se iniciaron en 2007, y han contado desde entonces con la colaboración de la Dirección General de Patrimonio de Asturias. Las primeras revisiones del arte parietal de la cueva, efectuadas entonces, fructificaron en la celebración de un primer Congreso internacional en San Román de Candamo, que perseguí
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La cueva de La Peña (San Román de Candamo, Asturias) es una de las cavidades pioneras en el descubrimiento del arte paleolítico de la Región Cantábrica. En Asturias, los primeros reconocimientos de este valioso patrimonio cultural -uno de los más importantes de Europa-, se inician en 1908 con el descubrimiento de pinturas y grabados de edad paleolítica en cuevas tan singulares como El Pindal y La Loja. Estas primeras valoraciones del arte del Pleistoceno se producen gracias a la colaboración prestada por estudiosos locales que, como Hermilio Alcalde del Río y Ricardo Duque de Estrada, más conocido como Conde de la Vega del Sella, impulsarán la investigación prehistórica prestando un apoyo decidido a los grandes arqueólogos del momento que trabajan en el norte de España: Hugo Obermaier y Henri Breuil, entre otros. La cueva de La Peña de Candamo era conocida en la comarca y visitada ocasionalmente entre 1903 y 1911, según testimonian diversos graffitis conservados en lugares retirados como la Galería de las Batiscias. El descubrimiento científico se produce en el verano de 1914, cuando un vecino de Pravia señala a Hernández-Pacheco la probable existencia de pinturas prehistóricas en la cavidad, aportando su propio testimonio y el de un vecino conocido como "El Cristo", que penetraban en la cueva en busca de estalactitas. Paralelamente, aunque de forma independiente, el Conde de la Vega del Sella visita la cueva e improvisa un cierre provisional de la entrada, reconociendo ambos la antigüedad de las pinturas y grabados de los paneles del Gran Salón de los Grabados. Hernández-Pacheco (1872-1965), catedrático de Geología de la Universidad Central de Madrid y jefe de la Sección de Geología y Paleontología del Museo de Ciencias Naturales, es el descubridor del grueso del Arte paleolítico de la cueva de La Peña, que dio a conocer ese mismo año en un breve informe publicado en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural (Hernández-Pacheco y Carandell, 1914). Al año siguiente, presentó los hallazgos a la comunidad científica en su discurso de apertura del Congreso de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias celebrado en Valladolid (Hernández-Pacheco, 1915). Prácticamente de manera simultánea, el Conde de la Vega del Sella descubre en 1914 las primeras pinturas del Muro de los Grabados, y en una breve nota explica cómo limpió el panel, enérgicamente, para retirar la costra estalagmítica que cubría los puntos negros y los conocidos uros amarillos (Vega de Sella, 1929). Pero será E. Hernández-Pacheco quien asuma el estudio de la cavidad, realizando la lectura y los calcos del grueso de las figuras entre 1915-1917, con la colaboración de J. Cabré y el dibujante F. Benítez Mellado. El resultado de estas investigaciones pioneras es la publicación, cinco años después del descubrimiento, de una detallada monografía por la Comisión de Investigaciones Paleontológicas y Prehistóricas, que él mismo había fundado (Hernández-Pacheco, 1919). Paralelamente, entre 1917 y 1918 realizó las primeras excavaciones en la cercana "Covacha solutrense", uno de los accesos primitivos al complejo cárstico de La Peña de Candamo, colaborando en las mismas P. Wernert. Con posterioridad a la publicación de esta cuidada monografía, las investigaciones referidas al arte parietal de la caverna de La Peña de Candamo han sido, hasta fechas recientes, escasas y centradas en aspectos concretos. Destacan los estudios orientados a esclarecer la secuencia cronológica de las grafías, a partir del análisis de las superposiciones existentes en el Muro de los Grabados (Jordá Cerdá, 1976; Moure Romanillo, 1981). En otros casos, se rehicieron los calcos originales de E. Hernández-Pacheco, J. Cabré y F. Benítez Mellado, proponiendo modificaciones en la lectura de los grabados y las pinturas (Berenguer Alonso, 1994). Ya en fechas recientes, Javier Fortea (2001), además de proponer una cronología relativa basada en la estratigrafía parietal del panel denominado Muro de los Grabados, precisó la secuencia mediante la toma de dataciones directas 14Cams de pinturas negras de diferentes épocas, cuyos resultados abrieron un fructífero debate acerca de la dificultad de datar los orígenes del Arte paleolítico en Asturias. Las actuales investigaciones en la Cueva de La Peña se iniciaron en 2007, y han contado desde entonces con la colaboración de la Dirección General de Patrimonio de Asturias. Las primeras revisiones del arte parietal de la cueva, efectuadas entonces, fructificaron en la celebración de un primer Congreso internacional en San Román de Candamo, que perseguí
Cien años de arte rupestre paleolítico del autor Mª SOLEDAD editado por EUSAL(ED.UNIVERSIDAD SALAMANCA en el año 2014.
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